Las tensas negociaciones comerciales entre India y Estados Unidos han entrado en una fase crítica debido al papel que desempeñan las compras de petróleo ruso por parte de Nueva Delhi en el marco de un posible tratado bilateral. La decisión de India de seguir comprando crudo de Moscú, pese a las presiones de Washington, ha creado un punto de fricción significativo que podría definir no solo el futuro de sus relaciones comerciales, sino también las dinámicas energéticas y geopolíticas de la región.
Desde el estallido de la guerra en Ucrania en 2022, India se consolidó como uno de los mayores compradores de petróleo ruso con descuento a nivel mundial, superando incluso a China en etapas clave del último ciclo comercial. Esta situación se dio en medio de sanciones occidentales dirigidas a limitar los ingresos de Moscú, sobre todo en el sector petrolero, con el objetivo de frenar el financiamiento de su capacidad bélica.
El flujo de crudo barato desde Rusia fue una oportunidad estratégica para India, en un contexto en el que buscaba garantizar la seguridad energética de sus más de 1.400 millones de habitantes. Sin embargo, la posición de Nueva Delhi ha generado preocupación en Washington y en otros aliados occidentales, que ven en estas compras un apoyo indirecto a la economía rusa en plena guerra contra Ucrania.
En la última semana, fuentes vinculadas al gobierno indio informaron que Nueva Delhi está solicitando a las refinerías locales datos semanales detallados sobre sus importaciones de petróleo ruso y estadounidense, con el fin de presentar cifras “verificadas” durante las conversaciones con Washington. Esta medida busca dar mayor transparencia a sus estadísticas y evitar que Estados Unidos tenga que basarse en datos secundarios, que suelen mostrar volúmenes más altos de compras rusas.
El pedido de datos precisos ha sido interpretado por analistas como una jugada estratégica de India para fortalecer su posición en las negociaciones, demostrando una intención declarada de moderar sus compras de Rusia sin comprometer su suministro energético. No obstante, hasta el momento, no se ha dado una orden formal para reducir las adquisiciones de crudo ruso.
La oferta de un nuevo acuerdo comercial entre India y Estados Unidos, que ha sido un objetivo clave tanto para Nueva Delhi como para Washington, se ha visto empañada por la intensa presión estadounidense para que India reduzca sus compras de petróleo ruso. El presidente de EE. UU., Donald Trump, ha advertido públicamente que podría aumentar los aranceles a las exportaciones indias si la compra de crudo ruso continúa, lo que supondría un golpe significativo para la economía india.
Actualmente la administración estadounidense ya ha impuesto aranceles adicionales que elevan hasta el 50% los gravámenes sobre algunos productos indios, como respuesta al continuo flujo de petróleo desde Rusia a la India. Esto ha generado un ambiente de tensión comercial que amenaza con revertir la creciente cooperación entre las dos economías emergentes.
Aunque India no ha recibido instrucciones estrictas para suspender las compras de petróleo ruso, desde fuentes del sector y del gobierno se estima que las importaciones podrían caer por debajo de 1 millón de barriles diarios en los próximos meses, frente a los cerca de 2 millones de barriles al día que se registraron en el punto más alto. Esta caída, impulsada en parte por las sanciones internacionales y por una estrategia más cautelosa de las refinerías, podría aliviar parcialmente las tensiones con Estados Unidos.
Sin embargo, esta reducción no necesariamente satisfará las demandas estadounidenses, que buscan una desvinculación más clara de India respecto al mercado energético ruso. El desafío para Nueva Delhi es equilibrar sus necesidades internas de energía con las expectativas geopolíticas de un socio clave como Estados Unidos.
La negociación de acuerdos sobre energía y comercio está marcando un punto de inflexión en la relación entre India y Estados Unidos. Aunque ambos gobiernos expresan interés en fortalecer la cooperación bilateral, especialmente en áreas como tecnología, defensa y comercio, la cuestión del petróleo ruso ha resaltado diferencias profundas en prioridades estratégicas.
Analistas internacionales señalan que Estados Unidos está cada vez más decidido a presionar a países que continúan con compras significativas de crudo ruso, no solo por razones económicas sino también por la política global de sanciones que busca reducir los ingresos que financian el conflicto en Ucrania.
Además, India se encuentra en un momento clave de su política energética: por un lado está la necesidad de asegurar suministros asequibles para sostener su crecimiento; por otro, las relaciones con potencias como Estados Unidos y sus aliados requieren señales claras de alineación con la política occidental frente a Rusia.
Mientras las partes continúan las conversaciones, ninguna ha ofrecido señales concluyentes sobre un posible acuerdo comercial integral. La presión estadounidense para que India modifique su patrón de importaciones de petróleo ruso sigue siendo uno de los principales temas conflictivos, y la capacidad de Nueva Delhi para maniobrar en este terreno determinará en gran medida el rumbo de las relaciones económicas y diplomáticas entre ambas naciones en 2026.
Los próximos meses serán decisivos para observar si India logra equilibrar sus intereses energéticos con las expectativas geopolíticas de Estados Unidos, o si, por el contrario, este desacuerdo prolongado llevará a una mayor confrontación comercial y a una reconfiguración de las alianzas económicas globales en pleno auge del comercio internacional post-pandemia.