¿Está la industria de hidrocarburos realmente preparada para prevenir y responder a los riesgos que amenazan su operación?

SUCESO IMPORTANTE EN EL SECTOR PETRÓLEO

Hablar de “preparación” en hidrocarburos no es solo tener extintores y un plan de contingencias archivado. Implica asegurar, de punta a punta, que la logística, la medición, la calidad del producto, la integridad de activos y la respuesta a emergencias funcionan como un sistema único. La pregunta incómoda es: ¿nuestros procesos diarios soportan un día malo, una fuga, una contaminación, un error de custodia, un accidente vial sin convertirlo en crisis operativa, ambiental y financiera?

¿Está la industria de hidrocarburos realmente preparada para prevenir y responder a los riesgos que amenazan su operación?
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1) Mapa de riesgos por eslabón logístico

Ductos (oleo/gasoductos). Fugas por corrosión o sabotaje, transitorios de presión, balances de línea que no cierran, segmentos sin medición continua. La prevención se juega en la integridad mecánica (inspección interna/PIGs, gestión de corrosión), SCADA seguro, alarmas configuradas, balances horarios y protocolos de cierre de válvulas.
Marítimo. Diferencias buque–terminal, vaporización de ligeros, desalineación de tanques, transferencia en SBM/barcazas. Preparación significa procedimientos de amarre y transferencia, compatibilidad de mangueras, puesta a tierra, inertización donde aplique, plan MARPOL activo y surveyores con criterios acordados.
Fluvial. Informalidad operativa, mediciones manuales, residuales en mangueras, robo por trasvase. Mitigar exige estandarizar medición y sellos, supervisión en puntos críticos, rutas y controles OSINERGMIN/DICAPI, y conciliación diaria.
Terrestre (cisternas). Accidentes viales, fugas por válvulas, mermas por líneas no drenadas o fraude. La base: vehículos certificados, GPS, conductor con credenciales para peligrosos, checklist de carga/descarga y medidores confiables.

2) Operaciones de carga y descarga: donde se ganan (o pierden) los balances

Buques, barcazas, camiones y ductos comparten denominadores: permisos de trabajo, puesta a tierra, recuperación de vapores, control de presión y flujo, comunicaciones claras entre partes y monitoreo continuo de nivel/temperatura. Un “arranque suave”, una velocidad de bombeo validada, drenaje al final y actas de transferencia con datos trazables evitan accidentes y reclamos. Si el plan de contingencias no está integrado a estos pasos, es papel mojado.

3) Medición y calidad: el corazón de la prevención financiera

No hay preparación sin metrología aplicada. En líquidos, la custodia depende de medir bien nivel/temperatura/densidad y corregir a condiciones base (CTPL). En gas, el negocio es energía: integrar P/T, cromatografía, poder calorífico y Z. La triada medidor–sensores–computador de flujo debe ser auditable, con provers/master meters trazables y muestreo representativo bajo API/ASTM. Un sistema que mide mal crea “pérdidas” ficticias, tensiona contratos y dispara siniestros.

4) Variaciones volumétricas: separar causas técnicas de operativas

La mayoría de diferencias tiene explicación: temperatura, presión, evaporación, agua/sedimento, líneas/mangueras sin drenar, interfaces entre lotes, sensores descalibrados o muestreo pobre. La madurez está en operar un Loss Control real: balances Entrada–Salida–Inventarios por tramo y producto, KPIs de mermas/gananciales con umbrales de aceptación, y reportes de causa raíz con acciones verificables.

5) Gestión de siniestros y seguros: responder rápido, documentar mejor

La preparación también se mide en pólizas y papeles:

  • Transporte de carga (All Risks/TLO), Responsabilidad Civil del transportista, Ambiental/Contaminación, Cascos y maquinaria.

  • Antes del siniestro: cláusulas claras, puntos de medición acordados, protocolos fotográficos, cadena de custodia de muestras, entrenamiento del personal en qué y cómo documentar.

  • Durante y después: notificación inmediata, perito/ajustador en sitio, actas de operación, mediciones antes/después, bitácoras y cronología. Responder rápido reduce el daño; documentar bien evita rechazos.

 

 

6) Cultura, normativa y autoridades: el contexto que habilita (o bloquea)

La seguridad y la calidad no son del área HSE o del laboratorio; son cultura operativa. Eso se traduce en jefes que paran una operación mal preparada, operadores que siguen permisos y mediciones, y lecciones aprendidas que realmente cambian procedimientos. La preparación se valida al cumplir regulaciones locales (transporte de peligrosos, comercialización, DICAPI/MARPOL para marítimo, exigencias de OSINERGMIN) y estándares internacionales. Cumplir no es suficiente; demostrar cumplimiento con trazabilidad hace la diferencia.

7) Tecnología que sí ayuda (cuando hay proceso)

SCADA con alarmas útiles, telemetría en cisternas, analítica de balances por lote, medidores con diagnósticos internos (ultrasónico, Coriolis), gemelos digitales para escenarios de fuga, drones para inspección, y ciberseguridad en flow computers. La tecnología multiplica la capacidad del proceso; no lo reemplaza.

8) Autoevaluación rápida: ¿qué tan preparados estamos?

  • ¿Las operaciones de transferencia tienen checklists vivos y simulacros documentados?

  • ¿La medición de custodia cuenta con provers, factores vigentes y sensores verificados?

  • ¿El muestreo es representativo y con cadena de custodia, o “lo hace quien está libre”?

  • ¿Corremos balances E–S–I diarios/semanales con KPIs y umbrales claros?

  • ¿El plan de contingencias está integrado a la operación (roles, equipos, enlaces con autoridades y comunidad) y se practica?

  • ¿Las pólizas cubren los riesgos reales y el equipo sabe cómo activar la cobertura?

Si dudaste en dos o más, hay trabajo por hacer.

9) Hoja de ruta de 90 días para pasar de “cumplimos” a “estamos preparados”

Diagnóstico (semanas 1–2): revisión de procedimientos de transferencia, puntos de medición, sensores, proving y muestreo; análisis de balances y siniestros previos.
Estabilización (semanas 3–6): correcciones de instalación (condicionadores, drenes, soportes), actualización de factores, calibraciones, estandarización de muestreo, acuerdos de conciliación con terceros.
Gobernanza (semanas 7–10): tableros de KPIs, alarmas SCADA priorizadas, roles claros de respuesta, protocolos de documentación para seguros.
Práctica (semanas 11–13): simulacros dirigidos (derrame, contaminación, diferencia de custodia), mesa de lecciones aprendidas y ajustes al procedimiento.

10) Idea fuerza para la dirección

Estar preparados significa que, ante una desviación o un incidente, la organización detecta temprano, decide rápido y documenta bien, minimizando impacto operativo, ambiental y económico. Se logra cuando cinco pilares están alineados: operación estandarizada, medición confiable, control de variaciones, respuesta entrenada y respaldo contractual/asegurador. Si uno falla, el riesgo se impone; si todos funcionan, la operación resiste el “peor día” sin convertirse en crisis.

 

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Jeisson Peña



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