Las emisiones de dióxido de carbono (CO₂) y otros gases de efecto invernadero en Estados Unidos aumentaron un 2,4 % durante 2025, marcando un retroceso en la tendencia de reducción de contaminación observada en años recientes. La cifra, calculada por investigadores del Rhodium Group, representa una señal de alerta en medio de la lucha global contra el calentamiento climático y cuestiona la suficiencia de las estrategias actuales para reducir emisiones.
Los expertos señalan que una combinación de condiciones climáticas y cambios en la demanda energética explican este repunte de emisiones:
1. Invierno excepcionalmente frío:
El invierno de 2025 fue más severo de lo habitual, lo que elevó significativamente el uso de calefacción en edificios residenciales y comerciales. Gran parte de esta demanda se cubrió con gas natural y fuel oil, ambos combustibles fósiles que generan grandes cantidades de CO₂ al quemarse.
2. Precios altos del gas natural:
El encarecimiento del gas llevó a una mayor utilización de carbón en plantas eléctricas, cuya combustión emite aún más dióxido de carbono. En algunos segmentos del sector energético, el uso de carbón se incrementó hasta en un 13 %.
3. Expansión de centros de datos y minería de criptomonedas:
El auge de la infraestructura tecnológica especialmente centros de datos y operaciones de minería de criptomonedas elevó la demanda de electricidad. Estos sistemas requieren inmensas cantidades de energía continua, y gran parte de esa electricidad aún proviene de fuentes fósiles.
Además, el crecimiento de los centros de datos intensifica de forma general el consumo energético. Aunque algunos esfuerzos han comenzado a integrar energías renovables, la mayor parte del suministro aún depende de combustibles fósiles que contribuyen al calentamiento global.
Hasta 2024, las emisiones de CO₂ y metano en Estados Unidos habían disminuido casi un 20 % con respecto a los niveles de 2005, producto de mejoras en eficiencia energética y la adopción de fuentes renovables. Sin embargo, en 2025 esta tendencia se detuvo, ya que la contaminación creció más rápidamente que la actividad económica del país.
Los investigadores estiman que el volumen total de emisiones equivalentes alcanzó alrededor de 5 350 millones de toneladas métricas de dióxido de carbono en 2025, aproximadamente 126 millones de toneladas más que en 2024.
El estudio también subraya que los cambios recientes en las políticas ambientales de Estados Unidos aún no han tenido un impacto cuantificable en estos datos, dado que muchas medidas estuvieron vigentes solo durante parte del año. Sin embargo, existe inquietud de que adopciones regulatorias que favorezcan combustibles fósiles o reduzcan incentivos a las energías limpias puedan influir negativamente en las metas de descarbonización a largo plazo.
Los expertos advierten que esta alza, aunque moderada, podría ser un indicio de futuros aumentos si no se adoptan políticas más firmes, más aún cuando se anticipa una creciente demanda energética impulsada por digitalización, inteligencia artificial y expansión industrial.
A pesar del repunte de emisiones, hay avances en la transición energética. Por ejemplo, la generación de energía solar creció un 34 %, superando a la energía hidroeléctrica y ayudando a que las fuentes sin emisiones de CO₂ representen ahora cerca del 42 % de la matriz energética estadounidense.
Este crecimiento demuestra que las tecnologías renovables continúan expandiéndose, aunque aún no compensan totalmente el aumento de emisiones asociado a combustibles fósiles y nuevas demandas energéticas.
El aumento de emisiones en Estados Unidos durante 2025 pone en evidencia que, aunque el uso de energías renovables está creciendo, factores como las condiciones climáticas extremas, la dependencia de combustibles fósiles para calefacción y energía eléctrica, y la expansión de centros de datos representan desafíos significativos para cumplir con los compromisos climáticos.
Especialistas coinciden en que no basta con continuar con las tendencias actuales; se requieren políticas energéticas más ambiciosas, inversiones en eficiencia y una transición más acelerada hacia fuentes limpias para detener el avance del calentamiento global.