El Gobierno de China anunció su apoyo total a la solicitud presentada por Venezuela ante el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (ONU), luego del anuncio de Estados Unidos de imponer un bloqueo naviero a petroleros vinculados al país sudamericano. La postura de Pekín refuerza la dimensión internacional del conflicto y consolida el respaldo político de una de las principales potencias globales a la defensa de la soberanía energética venezolana.
A través de su portavoz oficial, el Ministerio de Relaciones Exteriores de China reiteró su oposición firme a las sanciones y bloqueos impuestos de manera unilateral por terceros países, señalando que este tipo de acciones contravienen los principios del derecho internacional, la Carta de las Naciones Unidas y las normas que rigen el comercio global.
Pekín subrayó que ningún país debe imponer su voluntad política o económica sobre otro mediante presiones coercitivas, y defendió el derecho soberano de cada nación a gestionar libremente sus recursos energéticos, así como a establecer relaciones comerciales sin interferencias externas.
El respaldo chino adquiere especial relevancia al tratarse de un miembro permanente del Consejo de Seguridad de la ONU, con poder de veto. Analistas consideran que esta posición fortalece la estrategia diplomática de Venezuela, al elevar el debate desde el plano bilateral con Estados Unidos hacia un escenario multilateral, donde se discuten temas de libre navegación, comercio internacional y seguridad energética global.
China manifestó su disposición a respaldar el tratamiento del caso dentro de los mecanismos de la ONU, promoviendo el diálogo y soluciones diplomáticas, en lugar de medidas que, a su juicio, incrementan la tensión geopolítica y afectan la estabilidad de los mercados energéticos.
La postura de Pekín también tiene una clara lectura energética. China mantiene relaciones estratégicas de largo plazo con Venezuela en materia de petróleo y energía, siendo uno de los principales destinos del crudo venezolano en los últimos años. El bloqueo anunciado por Washington no solo impacta a Caracas, sino que introduce riesgos en las cadenas de suministro internacionales, afectando a países importadores y al equilibrio del mercado petrolero.
Funcionarios chinos advirtieron que este tipo de restricciones distorsionan el comercio global de hidrocarburos, generan incertidumbre en el transporte marítimo y pueden provocar volatilidad en los precios internacionales del petróleo, con consecuencias económicas más amplias.
El respaldo a Venezuela también se inscribe en el contexto de la rivalidad estratégica entre China y Estados Unidos, donde la energía se ha convertido en un instrumento central de influencia geopolítica. Al apoyar la petición venezolana ante la ONU, Pekín refuerza su narrativa de defensa del multilateralismo, la no injerencia y el respeto a la soberanía de los Estados.
Sin comprometer acciones militares ni asistencia directa, China busca marcar límites diplomáticos frente al uso de sanciones y bloqueos como herramientas de presión política, especialmente cuando afectan a sectores estratégicos como el energético.
Expertos señalan que la internacionalización del conflicto podría incrementar la atención de los mercados sobre los flujos de crudo venezolano y las rutas marítimas del Caribe. La participación activa de potencias como China en el debate podría condicionar futuras decisiones políticas y reducir el margen de maniobra de medidas unilaterales prolongadas.
En un escenario de exceso de oferta global, pero con alta sensibilidad a riesgos geopolíticos, el bloqueo y las reacciones diplomáticas asociadas mantienen en alerta a traders, armadores y aseguradoras.
Con este respaldo explícito ante la ONU, China se posiciona como un actor clave en la defensa política de Venezuela frente al bloqueo petrolero estadounidense, elevando la disputa a un nivel multilateral. El desarrollo de este proceso en el Consejo de Seguridad será determinante no solo para Venezuela, sino también para el equilibrio político y energético internacional, en un contexto donde la energía continúa siendo un eje central de la geopolítica global.