En un hecho sin precedentes, China superó por primera vez los 10 billones de kilovatios hora (kWh) de electricidad consumida en el año 2025, consolidándose como la nación con mayor demanda energética del planeta y consumiendo más del doble de electricidad que Estados Unidos, según datos oficiales difundidos por la Administración Nacional de Energía (ANE) de China. El consumo total de energía eléctrica durante 2025 alcanzó aproximadamente 10.4 billones de kWh, un aumento de alrededor del 5 % respecto al año anterior, reflejando tanto el crecimiento económico sostenido del país como la profundización de su proceso de electrificación en sectores clave.
Este número no solo representa un récord absoluto para China, sino que también destaca una brecha energética cada vez más amplia con Estados Unidos, que para el mismo período consumió menos de la mitad de esa cantidad total anual de electricidad. Aunque las cifras específicas de consumo estadounidense varían según las proyecciones y distintas fuentes energéticas, estimaciones independientes sugieren que el consumo total en EE. UU. para 2025 rondaba los 4.1 – 4.2 billones de kWh, lo que refuerza la magnitud de la ventaja china.
Los expertos señalan que este enorme consumo energético está impulsado por varios factores simultáneos: la expansión industrial continua, un auge en los sectores de servicios, tecnología y manufactura avanzada, así como un crecimiento significativo en la demanda de infraestructura digital, como centros de datos, redes 5G y sistemas de almacenamiento de energía.
El hecho de que China consuma más del doble de energía que Estados Unidos tiene implicaciones profundas en términos económicos y geopolíticos. La electrificación acelerada ha sido un componente clave del plan estratégico del país para impulsar su competitividad global, especialmente en industrias tecnológicas emergentes como la inteligencia artificial (IA), vehículos eléctricos (EV) y manufactura de alta tecnología.
Analistas internacionales también relacionan este incremento con el fuerte desarrollo de la infraestructura energética nacional, que incluye desde centrales de energía tradicional hasta una expansión sin precedentes de fuentes renovables. Además, los procesos de electrificación en sectores como la producción industrial y el transporte están aumentando la intensidad energética de la economía china a un ritmo mayor que en otras potencias.
Aunque gran parte del consumo energético de China sigue siendo alimentado por fuentes tradicionales, como el carbón, el país ha hecho avances considerables en energía limpia y renovable. En 2025, China continuó aumentando su capacidad en energía solar y eólica, así como inversiones en almacenamiento, redes inteligentes y tecnologías de recarga de baterías, lo que a su vez impulsa un mayor uso de electricidad en sectores con alta demanda de energía.
Este desarrollo contrasta con la trayectoria de Estados Unidos, cuya expansión de consumo eléctrico ha sido más moderada, en parte debido a mejoras en eficiencia energética y una estructura económica diferente enfocada en servicios, así como rotaciones de crecimiento más estables en sectores de consumo residencial e industrial.
El récord de consumo energético también plantea desafíos importantes para China en términos de emisiones y sostenibilidad ambiental. A pesar del crecimiento en energías renovables, China sigue dependiendo de combustibles fósiles en una parte significativa de su matriz energética, lo que mantiene altas las emisiones de carbono. La necesidad de equilibrar la demanda de energía con objetivos climáticos es ahora uno de los temas centrales de la agenda energética nacional e internacional.
El nuevo hito en el consumo eléctrico coloca a China en una posición dominante dentro del escenario energético mundial. No solo en términos de volumen absoluto, sino también como centro de decisiones tecnológicas, infraestructura y energía limpia. El crecimiento continuo de la demanda eléctrica en China es una señal clara de la dirección que está tomando la economía global, donde la capacidad energética es cada vez más crítica para el liderazgo industrial, la innovación tecnológica y el desarrollo sostenible.