En 2025, China continuó avanzando como pionero mundial en el despliegue de energías renovables especialmente solar y eólica, pero también sorprendió al mundo al aumentar significativamente la construcción de plantas termoeléctricas a carbón, un fenómeno que ha generado debates sobre el futuro de su transición energética y su impacto en las emisiones de carbono.
China sumó un volumen récord de nueva capacidad renovable en 2025, con 315 gigavatios (GW) de energía solar y 119 GW de energía eólica, aportando una enorme cantidad de generación limpia que ha ayudado a cubrir el incremento de la demanda eléctrica.
Estos logros consolidan a China como uno de los líderes globales en energías limpias, impulsados por políticas de inversión masiva en tecnología y despliegue de infraestructura renovable.
A pesar del éxito renovable, China conectó más de 50 grandes unidades termoeléctricas a carbón en 2025, cada una con una capacidad de al menos 1 GW —una cifra mayor que la vista en años recientes— y totalizando alrededor de 78 GW de nueva capacidad de carbón.
Este continuo auge en plantas a carbón se interpreta como parte de una estrategia para garantizar la seguridad energética, especialmente frente a la demanda creciente y a la intermitencia que caracteriza a la energía solar y eólica. Datos de expertos señalan que eventos como los apagones de 2021-2022 empujaron a Pekín a reforzar su capacidad basada en combustibles fósiles.
China es la mayor nación consumidora de energía del mundo, con necesidades que aumentan conforme su población y actividad industrial crecen. La electricidad es necesaria tanto para uso residencial como para la producción manufacturera y sectores de alta tecnología, lo que ha llevado al Gobierno a mantener una “red de respaldo” de plantas de carbón para asegurar un suministro continuo incluso cuando las fuentes renovables no generan suficiente energía por sí solas.
Si bien la generación termoeléctrica a partir del carbón representa una parte menor del total, y el uso de carbón para producir electricidad incluso ha disminuido ligeramente en 2025, la construcción de nueva capacidad genera inquietud entre especialistas climáticos. Las emisiones globales de dióxido de carbono podrían verse afectadas si el carbón se mantiene como pilar del sistema energético.
Expertos sugieren que retirar plantas ineficientes y acelerar el desarrollo de energías renovables junto con almacenamiento y redes inteligentes será clave para que China reduzca verdaderamente el peso del carbón en su matriz energética.
China se encuentra en una encrucijada energética: por un lado, lidera el mundo en capacidad renovable instalada; por otro, todavía recurre al carbón como respaldo ante la variabilidad de la energía solar y eólica. Esto refleja un desafío compartido por muchas economías en rápido desarrollo: equilibrar metas climáticas ambiciosas con la necesidad de un suministro energético estable y continuo.
El futuro de su transición dependerá no solo de la expansión de energía limpia, sino también de la velocidad con que retire o transforme sus plantas de carbón más antiguas, y de cómo gestione la integración de renovables en su red eléctrica a gran escala.