En un gesto que ha captado la atención de la comunidad internacional, el Gobierno de China ha aprobado un paquete de apoyo financiero por US$80 millones dirigido al sistema energético y otras necesidades urgentes de Cuba, marcando un hito en la cooperación bilateral entre ambos países. La medida responde a la profunda crisis energética que enfrenta la isla en medio de un contexto político y económico muy complejo.
Cuba atraviesa una situación delicada en su sector eléctrico, con un déficit de generación que llega a cubrir apenas el 50 % de la demanda en momentos críticos y días en los que los apagones superan las 19 horas de interrupción del servicio. Este deterioro no solo afecta a los hogares, sino que también tiene impactos directos en la industria, la logística urbana y la prestación de servicios básicos.
La ayuda aprobada por Pekín que fue comunicada oficialmente por el embajador chino en La Habana, Hua Xin, al presidente cubano Miguel Díaz-Canel durante una reunión en el Palacio de la Revolución está orientada a la adquisición de equipamiento eléctrico y otras soluciones que permitan aliviar la crisis energética más urgente del país.
La situación energética de Cuba se ha agravado en los últimos meses debido a varios factores:
La interrupción de suministros tradicionales, especialmente desde aliados como Venezuela, ha limitado gravemente la llegada de combustibles que alimentan las termoeléctricas cubanas.
La infraestructura eléctrica cubana es en gran medida obsoleta, con plantas termoeléctricas que sufren constantes fallas y requieren mayor inversión y mantenimiento para operar de forma continua.
Las sanciones y presiones económicas de Estados Unidos, que han venido aumentando desde inicios de 2026, han intensificado el desafío energético al dificultar el acceso a combustibles y redes comerciales internacionales.
Todo esto ha provocado no solo apagones más prolongados, sino también un aumento de los precios de productos básicos y una creciente inestabilidad social, ya que la población siente el impacto directo en sus rutinas diarias.
La asistencia china se enmarca dentro de un escenario geopolítico más amplio, donde otras naciones también han anunciado medidas de apoyo a La Habana. Por ejemplo:
México ha prometido enviar alimentos a Cuba en medio de la escasez causada por el bloqueo petrolero de Estados Unidos.
España ha comprometido ayuda humanitaria en forma de alimentos y medicinas, aunque descartó el envío de petróleo.
Además, países como Brasil y Rusia han expresado su postura crítica ante las acciones estadounidenses y su voluntad de continuar apoyando a Cuba.
Más allá de la ayuda financiera, el gobierno chino ha reiterado públicamente su apoyo político a Cuba. A través del portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores, Lin Jian, China ha señalado que se opone firmemente a cualquier acción que prive al pueblo cubano de su derecho a la supervivencia y el desarrollo, y ha reafirmado su respaldo a la soberanía y seguridad nacional de la isla.
Este posicionamiento se produce en medio de tensiones diplomáticas más amplias, particularmente relacionadas con las sanciones estadounidenses y las presiones económicas que enfrenta Cuba.
La aprobación de US$80 millones en ayuda energética por parte de China representa un paso significativo en la cooperación entre Pekín y La Habana, en un momento en que la isla caribeña enfrenta una de las crisis energéticas más complejas de su historia reciente. Aunque la asistencia llega en un momento crítico, expertos señalan que la solución estructural del problema energético requerirá inversiones mucho mayores y esfuerzos de largo plazo, con énfasis en modernizar la infraestructura energética y diversificar su matriz energética para reducir la dependencia de combustibles importados.
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