El papel de Irán y Rusia en la geopolítica del petróleo continúa siendo uno de los ejes estratégicos más relevantes del panorama energético mundial en 2026. Aunque enfrentan sanciones económicas y desafíos internos, ambos países siguen moldeando la oferta global de crudo, las alianzas internacionales y las dinámicas de mercado, con efectos directos sobre los precios, las rutas comerciales y las relaciones entre grandes potencias.
Rusia e Irán han consolidado en años recientes una cooperación estratégica con amplias implicaciones energéticas y políticas. Desde 2025, Moscú y Teherán han trabajado en fortalecer su alianza frente a sanciones occidentales, no solo en el ámbito militar o diplomático, sino también en la retórica energética y la cooperación económica en sectores clave como el petróleo y el gas.
Aunque sus intereses energéticos no siempre coinciden por ejemplo, Rusia compite por cuota de mercado con Arabia Saudí y productores del Golfo, mientras que Irán busca recuperar su influencia perdida tras años de sanciones—, ambos comparten el objetivo común de reducir la dependencia de los sistemas financieros y comerciales dominados por Occidente. Esto se refleja en su impulso conjunto por plataformas alternativas de cooperación, como la Organización de Cooperación de Shanghái o iniciativas conjuntas dentro de BRICS y otras estructuras multilaterales.
Uno de los mecanismos más directos en los que Rusia e Irán influyen en la geopolítica del petróleo es a través de sus estrategias de exportación y distribución de crudo.
Rusia, uno de los mayores productores y exportadores del mundo, ha visto disminuir sus ingresos petroleros en 2025 debido a sanciones occidentales y descuentos forzosos en sus crudos, aunque sigue orientando buena parte de su producción hacia mercados como China, Turquía y Asia en general.
Irán, por su parte, ha desarrollado una “flota sombra” de petroleros y redes logísticas clandestinas para exportar crudo a pesar de las restricciones internacionales. Esta estrategia no solo busca burlar sanciones, sino mantener una presencia significativa de su petróleo en los mercados asiáticos, donde aún existen compradores dispuestos a aceptar mayores riesgos y descuentos.
Además, las tensiones en el Estrecho de Ormuz la vía marítima por donde transita una gran parte del crudo mundial hacen que cualquier conflicto regional pueda tener efectos inmediatos sobre los precios globales del petróleo. Las proyecciones de mercado muestran que incluso la amenaza de un enfrentamiento entre Estados Unidos e Irán puede llevar a aumentos significativos en los precios diarios del Brent o el WTI.
La influencia de ambos países también se manifiesta en la política de sanciones y en las respuestas del mercado a las mismas. Estados Unidos y la Unión Europea han mantenido medidas restrictivas durante años contra Irán y Rusia, lo que ha provocado ciclos de contramarchas en la política de exportación de estos países y ha alterado patrones comerciales tradicionales.
Sin embargo, recientes hechos sugieren que la geopolítica puede tener un impacto mixto en los precios del petróleo: mientras que las tensiones con Irán han generado subidas abruptas ante riesgos de interrupciones del suministro, también se han observado caídas de precios cuando se perciben señales de desescalada diplomática. Por ejemplo, una reciente moderación en las tensiones con Irán provocó una caída cercana al 5 % en el precio del Brent.
Las relaciones entre Irán y Rusia, aunque estratégicamente alineadas en varios frentes, también enfrentan tensiones internas. Las dos naciones compiten por mercados energéticos clave, especialmente en Asia y Europa, y no siempre coordinan perfectamente sus políticas de producción petrolera o sus objetivos económicos.
No obstante, su cooperación va más allá del petróleo: ambos países utilizan esta alianza para contrarrestar la influencia occidental en regiones como Medio Oriente, Asia Central y, en menor medida, América Latina, donde tanto Moscú como Teherán han buscado espacios de alianza con gobiernos que comparten posiciones más distantes de Washington.
La influencia de Irán y Rusia en la geopolítica del petróleo en 2026 se sostiene sobre tres pilares interconectados:
Control y exportación de hidrocarburos: aunque afectados por sanciones, ambos países siguen siendo actores significativos en el suministro global.
Alianzas estratégicas más amplias: su colaboración refuerza tendencias hacia un sistema energético más multipolar, con alternativas al dominio de Occidente en la energía.
Volatilidad y riesgo geopolítico en los mercados: las tensiones regionales, especialmente relacionadas con Irán en el Medio Oriente, continúan siendo detonantes de cambios bruscos en los precios del petróleo.
En conjunto, la presencia activa de Irán y Rusia en la geopolítica del petróleo no solo afecta a los precios del crudo, sino que pone en tela de juicio modelos de suministro, alianzas económicas y la estabilidad de algunas de las piezas clave del sistema energético global.