Un nuevo informe del Instituto de Estudios de Seguridad de la Unión Europea ha encendido las alarmas en Bruselas: la República Popular de China ha logrado una presencia significativa en los sistemas eléctricos europeos y en las cadenas de suministro estratégicas vinculadas a la transición energética, lo que plantea potenciales riesgos de seguridad nacional y dependencia tecnológica para el bloque comunitario.
China, con alrededor del 35 % de la producción manufacturera mundial, ha trasladado su poder industrial a sectores clave para la seguridad energética europea. Esto incluye no solo la fabricación de paneles solares y turbinas eólicas, sino también la participación en operadores de redes eléctricas de alta tensión y la producción de tecnologías emergentes como el hidrógeno verde y los combustibles sintéticos.
El estudio, realizado por expertos europeos en seguridad estratégica, subraya que la inserción de empresas y productos chinos en las infraestructuras críticas ha alcanzado un nivel tal que el riesgo de dependencia y de “instrumentalización de la industria” se ha vuelto inaceptable en un contexto geopolítico volátil.
La investigación detalla cómo las empresas estatales chinas, como la State Grid Corporation of China y China Southern Power Grid, han adquirido participaciones importantes en operadores de sistemas eléctricos en varios países europeos, incluyendo Portugal, Italia, Luxemburgo, Malta y Grecia. Esta presencia, aseguran los analistas, puede traducirse en influencia estratégica directa sobre decisiones operativas que afectan a la estabilidad de la red y la seguridad energética de la UE.
La preocupación no es solo económica: los expertos advierten que, debido a la conexión física y digital de las redes de alta tensión europeas, cualquier brecha ya sea por vulnerabilidades tecnológicas o influencias externas podría tener consecuencias que se extiendan a toda la Unión Europea.
Además de la infraestructura física, China ha consolidado casi el control absoluto de la cadena global de producción solar fotovoltaica, con más del 98 % de las obleas solares producidas en el mundo y amplia participación también en turbinas eólicas. Aunque Europa continúa apostando por la transición energética, esta dominancia industrial pone al bloque en una posición de dependencia tecnológica que puede trasladarse a sectores futuros como el hidrógeno verde, los biocombustibles y los combustibles de aviación sostenibles.
El propio informe destaca que China ha logrado reducir drásticamente los costos de electrolizadores de hidrógeno componentes centrales para producir hidrógeno verde mediante economies de escala y energía renovable barata, situándose como el mayor productor mundial tanto de estos dispositivos como de hidrógeno verde mismo.
Frente a este escenario, los expertos europeos proponen medidas concretas para reducir la exposición estratégica:
Estrategias de contratación pública específicas, orientadas a reforzar la fabricación y suministro de tecnologías críticas dentro de la UE.
Restricciones selectivas en comercio y proyectos energéticos, especialmente en eólica y sectores emergentes como el hidrógeno.
La creación de una etiqueta o certificación de “Hecho en Europa” para infraestructuras críticas, que sirva como estándar de seguridad y soberanía tecnológica.
Exclusión gradual de componentes chinos de proyectos transfronterizos financiados con fondos comunitarios clave.
Este análisis refleja un problema más amplio que enfrenta Europa: la coexistencia entre la urgencia climática y la necesidad de soberanía tecnológica. Si bien la UE busca acelerar su transición hacia energías limpias como parte del Pacto Verde Europeo, la dependencia de suministros estratégicos fuera de sus fronteras plantea un dilema entre descarbonización y seguridad estratégica.
El reto europeo no es solo reducir emisiones, sino también garantizar que su infraestructura crítica y cadenas de suministro sean resilientes ante choques geopolíticos, ataques cibernéticos o manipulaciones económicas externas. En este contexto, la relación con China como principal actor manufacturero global continuará siendo uno de los temas centrales en la agenda de seguridad y política industrial de la UE en los próximos años.