Tras años de sanciones que limitaron drásticamente la producción y exportación de crudo venezolano, Estados Unidos ha tomado medidas significativas para reactivar la industria petrolera de Venezuela en 2026, marcando un punto de inflexión en la relación energética entre ambos países y en la estrategia global del mercado del petróleo. Esta decisión forma parte de un esfuerzo más amplio por reconstruir la producción de crudo en el país suramericano y reinsertarlo en las cadenas de suministro internacionales, luego de años de caída en la producción.
El Departamento del Tesoro de Estados Unidos, a través de su Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC), ha emitido licencias generales que amplían las posibilidades de que empresas estadounidenses realicen operaciones relacionadas con el petróleo venezolano. Estas licencias permiten que compañías de EE. UU. compren, vendan, transporten, almacenen y refinen crudo venezolano, lo que representa un cambio sustancial frente a años anteriores en los que cada operación debía ser aprobada de manera individual.
Además, se autorizó la exportación de diluyentes desde Estados Unidos para facilitar la producción de crudo pesado venezolano, un insumo esencial para que este petróleo pueda ser procesado y comercializado internacionalmente. Este permiso es clave para reactivar de manera eficaz el sector petrolero en Venezuela, que se había visto paralizado por falta de insumos y sanciones.
Las decisiones recientes se dan en medio de un cambio mayor en la política estadounidense hacia Venezuela, que incluye la flexibilización parcial de sanciones tras una larga etapa de aislamiento económico. Según expertos, estas licencias generales son una señal de que Washington busca una mayor integración energética, aunque todavía bajo condiciones que favorezcan principalmente a empresas estadounidenses.
En enero de 2026, varias petroleras internacionales empezaron a retomar acuerdos para exportar crudo venezolano, lideradas por casas comerciales como Vitol y Trafigura, que han negociado importantes volúmenes de exportación tras las nuevas autorizaciones.
Uno de los principales efectos de la flexibilización es el aumento de los suministros de crudo venezolano al mercado internacional, en particular hacia refinerías ubicadas en la Costa del Golfo de Estados Unidos. Empresas como Phillips 66 han indicado que pueden procesar cantidades significativas de petróleo venezolano si los precios son competitivos frente a crudos alternativos.
Este retorno de crudo de Venezuela al mercado global ocurre después de una serie de acuerdos preliminares entre Washington y Caracas por valor de varios miles de millones de dólares, así como tras reformas aprobadas por el gobierno venezolano para abrir la industria del petróleo a inversión y operación privada.
El cambio en el enfoque de Estados Unidos ocurre en un contexto político complejo. Tras la captura del expresidente venezolano Nicolás Maduro a principios de 2026 y la asunción de Delcy Rodríguez como mandataria interina, el gobierno venezolano ha impulsado reformas económicas —incluida la modificación de su marco legal petrolero— para atraer inversión extranjera y reactivar la producción hidrocarburífera.
Asimismo, estas acciones se enmarcan en una estrategia estadounidense de promover estabilidad económica en Venezuela, que incluiría la devolución de fondos de ventas petroleras para apoyar servicios públicos y estabilizar la economía local, además de posibles proyectos de inversión directa en infraestructura energética.
La reactivación del petróleo venezolano tiene implicaciones más allá de la economía local. Por un lado, puede diversificar las fuentes de crudo disponibles para el mercado estadounidense, reduciendo dependencia de otros proveedores; por otro, representa una oportunidad para que empresas energéticas estadounidenses y aliadas vuelvan a operar en la región tras años de sanciones.
La medida también podría fomentar inversiones extranjeras y cooperación internacional en el sector de hidrocarburos, especialmente si se consolidan marcos regulatorios más abiertos y seguros para los inversionistas internacionales.
Aunque todavía persisten incógnitas sobre el ritmo de recuperación de la producción petrolera en Venezuela, la emisión de licencias generales y la apertura de operaciones energéticas marcan el inicio de una nueva etapa que podría transformar la relación entre Estados Unidos y Venezuela en materia energética para 2026 y más allá.
Con una industria revitalizada, mayores exportaciones de crudo y un entorno legal más accesible a la inversión privada, la producción petrolera venezolana podría recuperar parte de su relevancia histórica en los mercados internacionales, beneficiando tanto a Caracas como a los actores energéticos globales que decidan participar en este proceso.