Once proyectos de centros de datos para inteligencia artificial en Estados Unidos, vinculados a empresas como OpenAI, Meta, Microsoft y xAI, tienen capacidad para emitir en conjunto más de 129 millones de toneladas de gases de efecto invernadero al año, según una revisión de documentos de permisos de emisiones atmosféricas realizada por la revista WIRED. Esa cifra supera las emisiones totales de Marruecos registradas en 2024.
Gas natural como fuente principal de energía para la IA
Los proyectos analizados comparten un rasgo común: están diseñados para operar con generación de energía in situ a partir de gas natural, eludiendo la conexión a la red eléctrica convencional. Esta tendencia responde a las prolongadas esperas para obtener acceso a las redes de distribución y a la resistencia pública ante posibles incrementos en las tarifas eléctricas. Los permisos consultados por WIRED fueron presentados ante agencias estatales de EE.UU. y también recopilados por las organizaciones Cleanview y Oil and Gas Watch.
Entre los casos más notorios figura el de xAI, la empresa de inteligencia artificial de Elon Musk, cuyo campus Colossus 1 en Memphis, Tennessee, y el campus Colossus 2 en Southaven, Mississippi, podrían generar cada uno más de 6,4 millones de toneladas equivalentes de CO2 al año. Esa cifra equivale, según los documentos, a la energía necesaria para abastecer a 1,5 millones de hogares o a las emisiones de más de 30 centrales de gas natural de tamaño medio. La Asociación Nacional para el Progreso de las Personas de Color (NAACP) presentó una demanda contra xAI alegando operación ilegal de turbinas en Memphis.
Microsoft y el proyecto respaldado por Chevron en Texas
Microsoft evalúa adquirir energía de un proyecto de gas natural respaldado por Chevron en el oeste de Texas, cuyo permiso indica emisiones potenciales superiores a 11,5 millones de toneladas de gases de efecto invernadero al año, más que las emisiones anuales de Jamaica. Melanie Nakagawa, directora de sostenibilidad de Microsoft, señaló que la empresa emplea un enfoque de portafolio energético y que la generación in situ puede formar parte de ese portafolio en regiones donde las restricciones de red limitan el ritmo de despliegue.
Permisos versus emisiones reales: la brecha metodológica
Los especialistas advierten que las cifras contenidas en los permisos reflejan un escenario de operación continua a plena capacidad, lo que generalmente excede las emisiones reales de plantas conectadas a la red. Alex Schott, de Williams Companies —empresa constructora de tres plantas de autoconsumo en Ohio para Meta— afirmó que los modelos internos de la compañía sugieren que las emisiones efectivas podrían ser hasta dos tercios menores que las autorizadas.
Sin embargo, el investigador energético Jon Koomey señala que los centros de datos presentan una dinámica distinta a la de las plantas eléctricas convencionales: su demanda energética es constante y no responde a fluctuaciones de la red, lo que acerca sus emisiones reales a los valores máximos permitidos. Esta particularidad quedó reflejada en una solicitud de permiso de noviembre presentada por la empresa de IA Crusoe, que describió sus instalaciones como distintas a una planta eléctrica tradicional debido a que sus requerimientos energéticos no varían de forma significativa.
«Consideramos el gas como un puente, no como el destino final, mientras trabajamos para construir una infraestructura de IA que satisfaga la escala de la demanda», declaró Andrew Schmitt, director sénior de comunicaciones de Crusoe, a WIRED.
Contexto: escasez de turbinas eficientes y presión regulatoria
La acelerada demanda de equipos ha generado escasez mundial de las turbinas de gas de mayor eficiencia, lo que empuja a algunos desarrolladores hacia tecnologías menos eficientes y más contaminantes. Michael Thomas, fundador de Cleanview, calificó la tendencia como una «aceleración desmesurada de las emisiones» en un momento en que el sector energético buscaba reducir su dependencia del gas y el carbón. Los proyectos identificados por WIRED representan, según la publicación, solo una fracción del impacto climático potencial total del auge de la inteligencia artificial en infraestructura energética.