El sistema energético español: caro, politizado y con alta dependencia exterior

SUCESO IMPORTANTE EN EL SECTOR PETRÓLEO

Un reciente informe del Observatorio Demográfico del CEU-CEFAS revela que el sistema energético español, aunque ha logrado avances en reducción de emisiones y crecimiento de energías renovables, enfrenta serias debilidades estructurales vinculadas a su elevada dependencia del exterior, altos costes y un marco normativo politizado, que afectan tanto a los consumidores como a la competitividad del país.

El sistema energético español: caro, politizado y con alta dependencia exterior

Transición renovable con sombras

Durante las últimas dos décadas, España ha transformado su matriz energética reduciendo progresivamente la participación de combustibles como el carbón y el petróleo, mientras que ha impulsado el crecimiento de fuentes renovables especialmente la energía eólica y la solar, lo que ha contribuido a disminuir las emisiones del sector y a ampliar la generación limpia.

Sin embargo, el informe subraya que la transición se ha dado dentro de un contexto de fuerte intervención política y regulatoria, con apoyos selectivos a determinadas tecnologías y decisiones que, según los expertos, han generado distorsiones en el mercado energético nacional. Entre estas críticas figura la supuesta favorecimiento regulatorio de algunas fuentes renovables y la marginación de otras tecnologías, como la nuclear, que podría aportar estabilidad y reducir la volatilidad del sistema.

Precios altos y consumidores golpeados

Uno de los retos más visibles que enfrenta el sistema energético español es el alto coste de la energía para hogares e industrias. El informe señala que la volatilidad de los precios de la electricidad y los combustibles no es algo coyuntural sino una consecuencia de desequilibrios estructurales tanto en el diseño del mercado como en la planificación energética.

En España, la mayoría de la energía primaria depende de importaciones, con cifras que han estado entre las más altas de la Unión Europea superando el 67 % del consumo energético total en años recientes debido a la limitada producción local de hidrocarburos y gas.

Esta alta dependencia exterior implica que los precios internos quedan fuertemente ligados a los mercados internacionales de combustibles fósiles, lo que puede traducirse en facturas más costosas para los consumidores y mayor vulnerabilidad ante fluctuaciones globales de precios.

Un sistema politizado y con retos de gobernanza

El estudio crítico del Observatorio también aborda la percepción de que las decisiones sobre política energética han estado marcadas por consideraciones políticas más que por criterios técnicos y económicos independientes. Esto incluye debates públicos sobre el papel de la energía nuclear y la priorización normativa de algunas tecnologías renovables consideradas “más limpias” pero también más intermitentes.

Los investigadores apuntan a la necesidad de que las decisiones energéticas se basen en evidencia técnica rigurosa y no en narrativas ideológicas simplificadas, con el fin de garantizar un suministro estable, eficiente y menos vulnerable a choques externos.

Dependencia exterior y seguridad del suministro

España ha experimentado progresos en el aumento de su generación renovable, lo que ha ayudado a reducir parte de la dependencia de combustibles importados. Sin embargo, este descenso aún no elimina por completo el problema estructural que supone confiar en suministros externos para cubrir buena parte de la demanda energética.

Según estadísticas energéticas europeas, el porcentaje de consumo energético cubierto por importaciones en España ha superado el promedio de la UE, especialmente en gas y petróleo, lo que subraya la necesidad de impulsar políticas que fortalezcan tanto la producción interna como la diversificación de opciones energéticas.

Propuestas para un sistema más resiliente

El informe del CEU-CEFAS propone diversas medidas para corregir estas deficiencias, entre ellas:

  1. Reducir el intervencionismo político en la regulación energética, fortaleciendo la independencia de los entes reguladores.

  2. Promover una neutralidad tecnológica que permita al mercado seleccionar las tecnologías más eficientes.

  3. Fortalecer la red eléctrica y su capacidad de distribución, con incentivos que favorezcan inversiones eficientes.

  4. Revisar la fiscalidad energética para aliviar la carga sobre consumidores y empresas.

  5. Combinar renovables con otras fuentes de energía resilientes para reducir la dependencia exterior y mejorar la seguridad del suministro.

En resumen, aunque España ha avanzado en la transición hacia una energía más limpia, la complejidad de su sistema energético marcado por altos costes, dependencia de importaciones y decisiones regulatorias politizadas plantea retos significativos que requieren un enfoque integral y técnicamente sólido para garantizar un futuro energético sostenible, competitivo y seguro.

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Jeisson Peña



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