En un nuevo capítulo de la guerra entre Rusia y Ucrania, las fuerzas rusas volvieron a atacar de forma masiva la infraestructura eléctrica ucraniana, utilizando más de 300 drones y múltiples misiles balísticos y de crucero durante una ofensiva nocturna que afectó gravemente la red eléctrica del país, según informó el presidente ucraniano Volodymyr Zelenskyy. Este ataque se produce en medio de un frío invierno, cuando las temperaturas en Kiev rondaban los -20 °C, y coincide con esfuerzos diplomáticos impulsados por Estados Unidos para avanzar en negociaciones de paz.
El bombardeo ruso, considerado uno de los más intensos en los últimos meses, afectó la red eléctrica ucraniana, dejando sin calefacción y electricidad a miles de edificios residenciales y provocando apagones en varias regiones del país. El alcalde de Kiev, Vitali Klitschko, explicó que más de 5.600 edificios de apartamentos quedaron sin calefacción tras el impacto, justo después de que muchas zonas hubieran recuperado recientemente el servicio tras ataques previos.
Los ataques rusos a la infraestructura energética se han convertido en una táctica persistente en este conflicto, ya que Moscú intenta generar presión estratégica sobre Kiev al privar a la población de servicios básicos esenciales durante los meses más fríos del año.
Desde que Russia inició su invasión a gran escala de Ucrania el 24 de febrero de 2022, el conflicto ha generado un número significativo de víctimas y desplazados, además de intensos combates y ataques a infraestructuras civiles críticas como la energética.
El presidente Zelenskyy ha señalado que estos ataques buscan desgastar la resistencia del pueblo ucraniano al negarles luz, calor y agua corriente, lo que se ha convertido en una de las principales preocupaciones humanitarias del conflicto.
La ofensiva ocurrió en medio de uno de los inviernos más fríos en Kiev en años, exacerbando la vulnerabilidad de la población ante la falta de calefacción y electricidad. La ausencia de servicios básicos como agua caliente y luz eléctrica pone en riesgo especialmente a grupos como niños, personas mayores y discapacitadas, que requieren condiciones más estables para su bienestar diario.
El intento de dañar deliberadamente la infraestructura civil ha sido duramente criticado por organismos internacionales, incluidos representantes de derechos humanos, que consideran estos ataques una violación de las normas que protegen a la población civil en tiempos de guerra.
A pesar de la intensidad del ataque, las fuerzas ucranianas lograron interceptar una gran cantidad de drones y misiles rusos, gracias al apoyo de sistemas antiaéreos sofisticados suministrados por aliados occidentales. Según fuentes militares, un número considerable de misiles y drones fue derribado antes de alcanzar sus objetivos, aunque algunos impactos directos provocaron daños significativos.
El alto costo de esta defensa aérea también ha sido destacado por Zelenskyy, quien mencionó que los sistemas de defensa antiaérea utilizados durante el ataque nocturno implicaron gastos millonarios en municiones y logística.
Mientras continúan las hostilidades en el terreno, Ucrania ha intensificado sus esfuerzos diplomáticos para avanzar en conversaciones de paz impulsadas por Estados Unidos. Una delegación ucraniana se desplazó a Washington para transmitir cómo los ataques constantes, como los recientes bombardeos a la infraestructura civil, están socavando las posibilidades de un alto el fuego duradero.
Los representantes ucranianos buscan también acordar documentos relacionados con garantías de seguridad y apoyo económico que podrían formalizarse en eventos diplomáticos internacionales como el Foro Económico Mundial en Davos, Suiza.
Desde organismos internacionales, se ha condenado el uso de ataques dirigidos contra la infraestructura civil, calificándolos de actos crueles que ponen en riesgo la vida de millones de personas. Representantes de derechos humanos de la ONU han pedido el cese inmediato de estas ofensivas, al considerar que violan las normas humanitarias que buscan proteger a civiles en zonas de conflicto.
En paralelo, el Kremlin ha justificado sus operaciones en términos de objetivos militares, afirmando que los ataques van dirigidos a instalaciones clave que, según Moscú, son utilizadas por las fuerzas armadas ucranianas.