La intensificación del conflicto armado entre Israel e Irán eleva de forma considerable el riesgo petrolero global, con la posibilidad de que una extensión de las hostilidades hacia infraestructura energética retire hasta cinco millones de barriles diarios del mercado internacional, según el análisis de expertos del sector financiero y energético.
Capacidad excedentaria de la OPEP+, en la mira
Hasta el momento, las operaciones militares israelíes se han concentrado en instalaciones militares e infraestructura nuclear iraní, sin afectar directamente la producción de crudo. Sin embargo, si el conflicto alcanzara las zonas petrolíferas iraníes e iraquíes, el volumen de producción comprometido representaría casi el 70% de la capacidad excedentaria de la OPEP+ y Rusia, estimada actualmente en torno a los 7,5 millones de barriles diarios. Esa reducción abrupta configuraría un escenario de shock de oferta con impacto directo sobre los precios internacionales del crudo, que podrían retornar al umbral psicológico de los 100 dólares por barril.
El estrecho de Ormuz, punto de máxima tensión
Entre los escenarios más extremos considerados por analistas figura una eventual respuesta iraní que incluya ataques a instalaciones petroleras en Arabia Saudita o el bloqueo del estrecho de Ormuz, vía por donde transitan diariamente entre 18 y 20 millones de barriles de crudo y derivados refinados. Una interrupción en ese paso marítimo forzaría a Estados Unidos a reevaluar su postura estratégica en la región, equilibrando la neutralización del riesgo nuclear iraní con la necesidad de preservar la estabilidad en los flujos energéticos globales.
Economías importadoras, las más expuestas
Un corte sostenido del suministro desde Oriente Medio golpearía de manera especialmente severa a las economías más dependientes del petróleo importado. Europa y China figuran entre las regiones más vulnerables: en el caso chino, una desaceleración profunda tendría repercusiones sistémicas para el conjunto de la economía mundial, dado su peso en el comercio y la demanda global de energía. Estados Unidos se encuentra en una posición relativamente más protegida gracias a la independencia energética consolidada durante la última década, aunque no estaría exento de los efectos de una recesión global. En ese contexto, el dólar estadounidense podría reforzar su papel de activo refugio, beneficiando a los bonos del Tesoro y a la renta variable denominada en dólares.
Mercados financieros: calma que podría ser frágil
Los mercados financieros internacionales han reaccionado con una estabilidad que sorprende a varios analistas. Los principales índices bursátiles se han mantenido sin variaciones drásticas, mientras el rendimiento del bono del Tesoro estadounidense registró solo un leve repunte y tanto el dólar como el oro mostraron tendencias bajistas en los últimos días. Esta relativa calma se explicaría, en parte, por la menor intensidad en el uso del petróleo dentro de la producción global en comparación con décadas anteriores, y por la creencia de que la capacidad excedentaria restante podría absorber una interrupción temporal del suministro.
No obstante, expertos advierten que esa aparente tranquilidad podría subestimar los riesgos de segunda ronda: una presión inflacionaria renovada derivada de un choque energético obligaría a los bancos centrales a prolongar políticas monetarias restrictivas, agravando la desaceleración económica global. El seguimiento de los próximos movimientos militares y diplomáticos en Oriente Medio, incluida la posibilidad de que Irán retome negociaciones nucleares con Washington, determinará en gran medida la dirección de los mercados energéticos en los próximos meses.