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Japón enfrenta nuevos obstáculos en su reactivación nuclear tras accidentes y escándalos de seguridad

  • Por INSTITUTO ISIEN
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Japón enfrenta nuevos obstáculos en su reactivación nuclear tras accidentes y escándalos de seguridad

Más de quince años después del accidente de Fukushima Daiichi de 2011, el país continúa intentando recuperar una parte de la capacidad nuclear que quedó paralizada tras el desastre. El proceso ha sido gradual y está condicionado por estrictas revisiones regulatorias, inversiones en seguridad y la necesidad de recuperar la confianza pública.

Japón vuelve a considerar estratégica la energía nuclear

La seguridad energética se ha convertido nuevamente en una prioridad para Tokio.

Japón dispone de recursos fósiles domésticos limitados y depende considerablemente de las importaciones de gas natural licuado, petróleo y carbón. Las recientes perturbaciones de los mercados internacionales de energía han reforzado el interés por disponer de una mayor capacidad de generación dentro del país.

En ese escenario, el Gobierno japonés ha reafirmado su intención de realizar un “máximo uso” de la energía nuclear, junto con el desarrollo de fuentes renovables. Además, ha establecido objetivos para reemplazar hasta cinco reactores durante la década de 2040 y hasta 14 durante la de 2050.

El caso Hamaoka golpea los planes de reactivación

Uno de los principales problemas recientes afecta a la central nuclear de Hamaoka, operada por Chubu Electric Power.

Una investigación independiente determinó que se habían manipulado datos relacionados con riesgos sísmicos utilizados durante el proceso regulatorio para intentar reiniciar los reactores 3 y 4.

La investigación encontró que existieron presiones internas relacionadas con el objetivo de acelerar la reactivación de la planta. Como consecuencia, Chubu Electric decidió retirar las solicitudes presentadas ante la Autoridad de Regulación Nuclear de Japón y anunció cambios en su dirección.

El presidente de la compañía, Kingo Hayashi, y el presidente del consejo, Satoru Katsuno, anunciaron su salida después de conocerse los resultados de la investigación.

La decisión representa un retraso considerable porque la empresa tendrá que volver a presentar su solicitud después de implementar reformas internas y recuperar la confianza de las autoridades y las comunidades involucradas.

El regulador profundiza sus investigaciones

La Autoridad de Regululación Nuclear japonesa también está ampliando sus investigaciones sobre el caso.

Su presidente ha señalado que esclarecer completamente lo ocurrido llevará tiempo, mientras el organismo revisa tanto la manipulación de los datos como la manera en que Chubu Electric gestionó internamente una denuncia realizada por un informante.

El episodio resulta especialmente sensible porque Hamaoka se encuentra en una región expuesta a importantes riesgos sísmicos.

Por ello, los datos utilizados para determinar la resistencia de las instalaciones frente a terremotos constituyen un componente fundamental del proceso de autorización.

Solo una parte de la antigua flota nuclear ha regresado

El proceso de recuperación nuclear japonés continúa siendo considerablemente más pequeño que antes de Fukushima.

Antes del desastre de 2011, Japón operaba 54 reactores. Actualmente, muchos han sido cerrados definitivamente, mientras otros continúan suspendidos o sometidos a procesos regulatorios.

Datos oficiales actualizados al 16 de septiembre muestran que numerosas unidades permanecen suspendidas, aunque algunos reactores han conseguido regresar a operación después de cumplir los nuevos requisitos de seguridad.

Esta situación explica por qué cada retraso adicional puede tener consecuencias para los objetivos energéticos del país.

Reducir la dependencia de combustibles importados

El interés japonés por recuperar capacidad nuclear no responde únicamente a objetivos climáticos.

También existe una cuestión económica y estratégica.

Japón importa gran parte de los combustibles utilizados por sus centrales térmicas. Cuando aumentan los precios internacionales del petróleo y del gas o se producen interrupciones en las principales rutas marítimas, los costos de generación eléctrica pueden incrementarse considerablemente.

Las recientes tensiones internacionales han vuelto a poner de manifiesto esa vulnerabilidad y han llevado a varios países, incluido Japón, a reconsiderar la importancia de fuentes domésticas o menos expuestas a los mercados internacionales de combustibles fósiles.

La demanda eléctrica también comienza a cambiar

La estrategia nuclear japonesa coincide además con nuevas necesidades de electricidad.

La expansión de centros de datos, inteligencia artificial, fabricación avanzada, semiconductores y electrificación industrial podría incrementar la demanda de energía estable durante los próximos años.

Las centrales nucleares presentan una característica especialmente relevante para este escenario: pueden producir grandes cantidades de electricidad de manera continua y con bajas emisiones directas de carbono durante su operación.

Sin embargo, el desafío para Japón no consiste únicamente en disponer de reactores técnicamente capaces de producir electricidad.

También necesita demostrar que las compañías operadoras pueden mantener elevados estándares de seguridad, transparencia y cumplimiento regulatorio.

Fukushima continúa marcando el debate energético

El accidente de Fukushima Daiichi sigue siendo el punto de referencia inevitable para cualquier discusión sobre energía nuclear en Japón.

El desastre provocó el cierre progresivo de la flota nuclear del país y una transformación profunda de su sistema regulatorio.

Desde entonces, cualquier reactor que pretenda regresar a operación debe superar los estándares introducidos después de Fukushima.

Por esa razón, incidentes relacionados con información de seguridad tienen consecuencias que van mucho más allá de una empresa determinada: afectan la confianza sobre el conjunto del proceso de reactivación nuclear.

Japón mantiene su estrategia, pero enfrenta un camino complejo

A pesar de los recientes problemas, el Gobierno japonés no ha abandonado su apuesta por la energía nuclear.

Tras conocerse el caso de Chubu Electric, las autoridades reiteraron su intención de mantener una política energética equilibrada y descarbonizada, mientras exigieron una investigación completa y medidas correctivas.

El objetivo continúa siendo recuperar gradualmente capacidad nuclear mientras se amplían las energías renovables y se reduce la exposición del país a las importaciones de combustibles fósiles.

Pero los acontecimientos recientes muestran que la velocidad de esa recuperación dependerá no solo de inversiones e infraestructura, sino también de la capacidad de las compañías eléctricas para demostrar transparencia y cumplir rigurosamente las nuevas exigencias de seguridad.

Japón se encuentra así ante un desafío decisivo: necesita más generación eléctrica estable y menos dependencia energética externa, pero la recuperación de su industria nuclear deberá avanzar bajo un nivel de supervisión particularmente elevado después de Fukushima y de los recientes problemas registrados en el sector.

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Jeisson Peña



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