China concentra el 90% de la producción mundial de módulos solares, el 80% de las turbinas eólicas y el 80% de los sistemas de almacenamiento energético, una posición que organismos internacionales y gobiernos occidentales califican como un riesgo estructural para la seguridad energética global, según advirtió el consultor energético Severo López Mestre en declaraciones al Heraldo Media Group.
Una hegemonía construida en décadas de política industrial
El dominio tecnológico de Pekín en el sector de las energías renovables no es resultado de circunstancias fortuitas. López Mestre describió cómo, hace entre 25 y 30 años, empresas chinas importaban turbinas eólicas extranjeras, las desarmaban y aplicaban ingeniería inversa para replicarlas. Paralelamente, el gobierno chino condicionó el acceso a su mercado interno a que las compañías extranjeras se asociaran con socios locales y transfirieran tecnología. A ese esquema se sumaron subsidios estatales —tanto centrales como regionales— que permiten a los fabricantes chinos reducir sus precios hasta en un 40%, dificultando la competencia internacional.
Alarmas en Europa y presión desde Estados Unidos
El Instituto Oxford de Estudios Energéticos identificó la interrupción de las cadenas de suministro como el principal riesgo derivado de esta dependencia, destacando que China ya ha utilizado controles de exportación como palanca de influencia sobre los mercados globales. La Comisión Europea, por su parte, señaló —según reportó el Financial Times— que los inversores chinos que operan plantas solares representan el mayor riesgo para la infraestructura energética crítica del continente.
«La dependencia sobre la tecnología china también puede hacer que los estadounidenses les exijan eliminar esa tecnología de los sistemas energéticos europeos bajo pena de tarifas, sanciones o incluso la disminución de compromisos históricos de seguridad cruzada», advirtió López Mestre, en referencia particular al vínculo estratégico entre Washington y Londres.
Ante este escenario, la Unión Europea avanza con dos instrumentos normativos: la Ley de Aceleramiento Industrial, que canaliza fondos comunitarios hacia el desarrollo de tecnología propia, y la Ley de Ciberseguridad, orientada a excluir empresas chinas —entre ellas Huawei— de las redes de telecomunicaciones y energía.
El dilema mexicano: transición energética y déficit comercial
Para México, la situación plantea una tensión de múltiples frentes. En el plano interno, el país enfrenta la necesidad de avanzar en su transición energética sin profundizar la dependencia tecnológica respecto a China, exigir transferencia de conocimiento y reducir un déficit comercial asimétrico: México exporta a China aproximadamente diez veces menos de lo que importa de ese mercado.
En el plano externo, el país debe articular su política energética considerando que la Unión Europea busca desacoplarse de las cadenas de suministro chinas, mientras que Estados Unidos califica el vínculo comercial de México con China como un factor de tensión en la relación bilateral. López Mestre señaló que México deberá diseñar una estrategia que atienda sus intereses nacionales en un entorno donde la seguridad energética se ha convertido en materia de seguridad nacional para las principales economías del mundo.
Próximos pasos en el escenario regulatorio
La implementación de la normativa europea de ciberseguridad y el avance de las investigaciones comerciales sobre subsidios chinos al sector solar marcarán el ritmo de los ajustes en las cadenas de suministro globales durante los próximos meses. México aún no ha definido una posición oficial consolidada frente a estos desarrollos.