La industria energética de Rusia sufrió un duro golpe económico durante 2025 como resultado de una intensa campaña de ataques con drones por parte de las fuerzas ucranianas, que han afectado gravemente al sector petrolero y sus infraestructuras clave, causando pérdidas estimadas en más de 13 mil millones de dólares. Según funcionarios de la aseguradora rusa Mains, citados por medios internacionales, los daños acumulados considerando pérdidas directas en instalaciones petroleras, interrupciones en la cadena de producción y efectos colaterales sobre ingresos superaron los 13 000 millones de dólares durante el año pasado.
Los ataques con vehículos aéreos no tripulados (UAV) estuvieron dirigidos principalmente contra refinerías, terminales portuarias, oleoductos y plataformas petroleras, en una operación que buscaba limitar la capacidad de producción y exportación de hidrocarburos rusos. De los aproximadamente 120 ataques reportados, 81 de ellos apuntaron a refinerías, lo que explica en gran medida la pérdida de capacidad productiva y de exportación del país.
Esta campaña no solo afectó la infraestructura terrestre, sino también activos marítimos y sistemas logísticos clave para el transporte y almacenamiento de crudo y derivados.
El impacto económico de estos ataques no se limitó al daño físico de las instalaciones. Las pérdidas se extendieron a los ingresos nacionales de Rusia, cuya economía aún depende en gran medida de los ingresos petroleros para sostener su presupuesto federal y financiar diversas áreas del Estado.
El desplome del sector energético también ha influido en la caída de los precios del crudo y en una reducción significativa de las exportaciones de petróleo del país, lo que ha generado una presión adicional dentro de su economía.
La campaña de drones ucranianos se ha caracterizado por su intensidad y constancia a lo largo del 2025. Ataques dirigidos a más de 160 objetivos de la industria petrolera rusa han forzado a varias refinerías a detener operaciones y han contribuido a una caída de la producción y del suministro de combustible tanto dentro como fuera del país.
Además, Ucrania ha continuado atacando redes de defensa antiaérea y otros sistemas estratégicos rusos, reduciendo su capacidad de respuesta y contribuyendo a que estos ataques con drones resulten efectivos en múltiples frentes.
El impacto de esta campaña no solo se siente dentro de Rusia. Las repercusiones se extienden a los mercados energéticos internacionales, donde la producción rusa influye en precios y en abastecimiento global. La reducción de la capacidad de producción rusa ha sido destacada como uno de los factores que contribuyen a un mercado energético más volátil, afectando a consumidores e inversores a nivel mundial.
Por su parte, aliados occidentales han incrementado el apoyo a Ucrania, tanto en términos de suministros militares como de cooperación tecnológica, lo que ha permitido perfeccionar la capacidad ucraniana de llevar a cabo operaciones precisas y de largo alcance.
La campaña de drones emprendida por Ucrania durante 2025 representa un ejemplo destacado de cómo la guerra moderna incorpora tecnología no tripulada para atacar infraestructura crítica. Las pérdidas millonarias infligidas al sector petrolero ruso reflejan el efecto acumulado de operaciones sostenidas a lo largo del tiempo, con consecuencias profundas tanto para la economía rusa como para los mercados energéticos globales.