Venezuela comienza a mover las piezas de una nueva etapa en su industria energética con el avance de los primeros grandes acuerdos petroleros tras la reforma de su marco legal. Chevron y Shell aparecen al frente de esta nueva fase, en medio de negociaciones y acuerdos preliminares que buscan reactivar áreas clave de producción de crudo y gas, atraer capital extranjero y elevar la capacidad operativa del sector hidrocarburos del país.
El impulso a esta nueva apertura se apoya en la reforma de la Ley Orgánica de Hidrocarburos aprobada a finales de enero de 2026, la cual amplió la autonomía de las empresas privadas y extranjeras para operar, comercializar y exportar petróleo venezolano, incluso cuando participan como socios minoritarios de PDVSA. Distintos reportes coinciden en que el cambio legal busca destrabar inversiones, reducir rigideces operativas y ofrecer incentivos fiscales y comerciales para acelerar el desarrollo de campos maduros y nuevas áreas de producción.
En el caso de Chevron, las conversaciones más avanzadas giran en torno a una expansión de Petropiar, su principal proyecto en la Faja Petrolífera del Orinoco. Según la información publicada, la petrolera estadounidense y las autoridades venezolanas acordaron términos preliminares para extender operaciones hacia el área Ayacucho 8, un bloque con recursos comprobados que fue explorado hace años por PDVSA, pero que todavía permanece mayormente sin desarrollar. La apuesta sería aprovechar la infraestructura ya existente de Petropiar para aumentar la producción de crudo extrapesado con mayor rapidez y eficiencia.
Petropiar, donde PDVSA posee 70% y Chevron 30%, ya es una de las operaciones más importantes del país. El reporte señala que el proyecto supera los 100.000 barriles diarios de extracción y que en febrero produjo alrededor de 90.000 barriles por día de crudo mejorado Hamaca, además de 20.000 barriles por día de gasoil de vacío. De concretarse la expansión hacia Ayacucho 8, Chevron reforzaría todavía más su presencia en la Faja del Orinoco y podría convertirse en uno de los actores privados con mayor peso dentro del negocio petrolero venezolano.
Shell, por su parte, ya firmó acuerdos preliminares con Venezuela que abarcan oportunidades en gas costa afuera, petróleo y gas en tierra, exploración, contenido local y desarrollo de la fuerza laboral. La compañía confirmó además la firma de entendimientos con Vepica, KBR y Baker Hughes. Entre las zonas que aparecen en el radar está el norte de Monagas, particularmente los campos Carito y Pirital, una región estratégica por su capacidad para producir crudo ligero y mediano, así como gas natural, insumos especialmente valiosos para mezclar y facilitar la comercialización del petróleo pesado venezolano.
El atractivo de Monagas Norte no es menor. De acuerdo con los datos citados en la publicación, el área de Punta de Mata, que incluye Pirital, Carito y el cercano campo El Furrial, produjo el mes pasado unos 94.000 barriles diarios de crudo y cerca de 1.030 millones de pies cúbicos diarios de gas. Sin embargo, una parte importante de ese gas —unos 350 millones de pies cúbicos diarios— todavía se quema, lo que abre espacio para proyectos de captura, procesamiento, transporte y posible exportación, incluso con conexiones hacia Trinidad. Ese componente gasífero encaja con la estrategia global de Shell, que ha mantenido interés en el desarrollo del yacimiento offshore Dragón, frenado durante años por las sanciones impuestas al sector energético venezolano desde 2019.
El trasfondo de estos movimientos es una industria que aún intenta recuperarse de décadas de falta de inversión, deterioro de infraestructura y problemas de gestión. La producción total de Venezuela ronda actualmente los 1,05 millones de barriles por día, según el reporte citado, una cifra todavía lejana a los niveles históricos del país, pero que muestra una base sobre la cual el Gobierno y las compañías extranjeras intentan construir una recuperación más ambiciosa. Al mismo tiempo, diversas fuentes señalan que PDVSA y el Ministerio de Petróleo conversan con cerca de una docena de socios para ampliar operaciones hacia campos vecinos, áreas maduras y bloques greenfield que requieren nueva infraestructura.
Más allá del volumen inmediato, estos acuerdos son vistos como una señal política y económica de alto calibre. Reuters describe esta nueva etapa como uno de los pasos más grandes hasta ahora dentro del esfuerzo por reconstruir la industria petrolera venezolana. En ese contexto, Chevron y Shell no solo lideran los primeros proyectos de mayor escala, sino que además sirven como termómetro del apetito internacional por volver a Venezuela si se mantienen las nuevas reglas, los incentivos y el margen operativo para desarrollar crudo y gas con mayor autonomía.
En el corto plazo, el éxito de esta apertura dependerá de que los acuerdos preliminares se conviertan en proyectos concretos, con inversión efectiva, expansión de infraestructura y mejoras reales en producción. Si eso ocurre, Venezuela podría entrar en una nueva fase de reactivación energética; si no, la reforma quedará como un intento más de relanzar un sector que durante años ha operado muy por debajo de su potencial. Por ahora, Chevron y Shell marcan el inicio de ese nuevo capítulo.